Rápidamente, casi sin poderlo ver,
bajó del techo una sombra que, poco a poco nos permitió distinguirla.
Era una
persona de pequeña estatura, no tendría más de 10 años, y estaba cubierto por
completo por una túnica y un gorro, que estaba tan encasquetado que solo nos
permitía ver los ojos brillantes de aquel chico. En su mano portaba una especie
de rosario que colgaba desde sus dedos y en la otra, un libro cerrado.
El chico abrió su libro y empezó a
realizar unos signos con las manos, como si estuviese formando círculos con sus
propias manos. Ante nuestro asombro, de sus dedos empezaron a salir unas llamas
de colores muy vivos, que lanzó contra la puerta, provocando un estallido tan
fuerte que, los trozos de puerta, quedaron chamuscados y convertidos en ceniza,
al mismo tiempo que la armadura quedó desmontada.
-Soy un exorcista- Dijo el chico
mientras volvió a salir corriendo y cuando casi se esfumó, dije alto y claro:
-El fuego es provocado por la purificación de las almas que habían en esta sala.
Dicho esto, debo irme, ya nos encontraremos en otra ocasión- Y se camufló con
la oscuridad de la sala.
No sabíamos quién era ese chico, pero
nos había ayudado y estábamos cada vez más cerca de conseguir nuestro
objetivo: La salvación de nuestras vidas.
Todos nos quedamos un poco confuso
pero todos coincidíamos en que deberíamos agradecerle a ese chico de algún modo
lo que había hecho por nosotros la próxima vez que nos viéramos frente aquel
chico.
Seguimos caminando a través de la
puerta y conseguimos dejar atrás la especie de calabozo que nos tenía
prisionero, llegando hasta la entrada de un edificio.
El edificio poseía una entrada
vallada, con dos grandes puertas de entrada. Presentaba una simetría asombrosa
y cumplía una forma un tanto peculiar, pues todos conocíamos la calavera que
adornaba el edificio. Los ojos los componían un completo complejo de ventanales
y vidrieras que daban iluminación al edificio. La puerta formaba la boca y por
encima de los ojos había un remate de color oscuro, simulando un pañuelo. Todos
coincidimos en que allí dentro debería estar Tyma y, recordamos su frase: “mi
padre estaría orgulloso de este acto, puesto que él fue uno de los causantes…”
y nos adentramos en busca de una respuesta.
Tras abrir la puerta, escuchamos un
fuerte estruendo, un sonido tan detonante que no pudimos evitar asustarnos.
Tras eso, las luces del interior del edificio con forma de calavera nos
alarmaron y, vimos como se abría la puerta del edificio y salía Tyma, el famoso
ladrón que nos había robado y nos había convertido en prisioneros suyo.
Casi sin darnos cuenta, Rin, la más
madura de todos, consiguió clavarle una saeta en su brazo, a pesar de la
distancia que nos separaba y escuchamos un fuerte grito. Corrimos para evitar
todas las trampas que explotaban a nuestro paso y rápidamente nos plantamos
frente a Tyma…o eso creíamos. No era más que una imagen creada por él, un
holograma del propio Tyma, pues no era nuevo en eso de los ataques sorpresas y la
puerta se cerró a nuestras espaldas.
-¡Por qué poco!- Exclamó Rin –Menos
mal que estamos dentro…-Dijo con tono esperanzador.
-Deberíamos investigar este extraño
lugar- Dijo Sacro, que siempre le ha apasionado la exploración.
Pronto nos pusimos en camino de buscar
información sobre lo ocurrido hace 20 años y sobre qué fue del padre de Tyma.
-¡Chicos, mirad! –Exclamó Iop –He
encontrado algo muy útil- De sus manos nos entregó un mapa de la ciuda al completa, con Brakmar, Bonta y Antarta con todas sus
zonas diferenciadas por colores. Además, habían escrito una serie de datos y
unas líneas, como si alguien hubiese planeado sobre ese mapa algo con mucha
meditación.
-¡Chicos, leedlo!- Exclamé –Es
información y una guía de lo que realizó
ese grandioso curandero hace 20 años, podemos seguir sus pasos dado que es la
misma circunstancia pero dos décadas después- Dije entusiasmado por el
hallazgo.
-Está bien, pero antes…- Se quedó un
poco pensativo Sacro –Debemos encontrar a Tyma y conseguir información de su
padre-
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