Mucho mas que un juego...(Capítulo 6)

-¿Buscáis ayuda?- Se escuchó una voz un poco siniestra pero infantil- Tengo lo que necesitáis.
Rápidamente, casi sin poderlo ver, bajó del techo una sombra que, poco a poco nos permitió distinguirla. 

Era una persona de pequeña estatura, no tendría más de 10 años, y estaba cubierto por completo por una túnica y un gorro, que estaba tan encasquetado que solo nos permitía ver los ojos brillantes de aquel chico. En su mano portaba una especie de rosario que colgaba desde sus dedos y en la otra, un libro cerrado.

El chico abrió su libro y empezó a realizar unos signos con las manos, como si estuviese formando círculos con sus propias manos. Ante nuestro asombro, de sus dedos empezaron a salir unas llamas de colores muy vivos, que lanzó contra la puerta, provocando un estallido tan fuerte que, los trozos de puerta, quedaron chamuscados y convertidos en ceniza, al mismo tiempo que la armadura quedó desmontada.

-Soy un exorcista- Dijo el chico mientras volvió a salir corriendo y cuando casi se esfumó, dije alto y claro: -El fuego es provocado por la purificación de las almas que habían en esta sala. Dicho esto, debo irme, ya nos encontraremos en otra ocasión- Y se camufló con la oscuridad de la sala.

Mucho mas que un juego...(Capítulo 5)

Todos habíamos dado a Rin por curada, pues no había sufrido más que meras heridas superficiales y nos dispusimos a andar.

Vimos que Iop no se movía para nuestra sorpresa y nos preocupamos por si le había pasado algo, pero tras un sonido de movimientos torpes y unos temblores de tierra, nos dimos cuenta que tras nosotros, la armadura comenzó a reunir más y más almas posesivas, y se dirigía hacia nosotros con una velocidad muy lenta, pero parecía que un solo golpe asestado por sus brazos o sus piernas podía dejarnos realmente heridos.

Rápidamente, del arco de Rin, y a la velocidad del rayo, observamos una flecha que poseía iluminación incandescente que salía disparada hacia la puerta, permitiéndonos ver como esa armadura se dirigía hacia nosotros y custodiaba una puerta que desconocíamos su acceso.

Nuevamente, Sacro fue disparado para la armadura pero, de un solo golpe, lo lanzó hacia nosotros volando, cayendo fuertemente contra el suelo y derramando sangre con el golpe.
Todos allí nos asustamos, pues nuestro más fuerte explorador y compañero había sido despedido por los aires casi sin inmutarnos.